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El nuevo socialismo digital: Dictaduras con Wi-Fi
| AUTHOR | Tejada, Luis |
| PUBLISHER | Independently Published (10/21/2025) |
| PRODUCT TYPE | Paperback (Paperback) |
Durante los primeros años del siglo XXI, creímos que Internet sería la gran liberación de la humanidad. La red prometía democratizar la información, abrir las fronteras del conocimiento y darle voz a los que nunca la habían tenido. Se soñó con un mundo horizontal, sin jerarquías, donde cada ciudadano sería un emisor y no solo un receptor. Era la utopía tecnológica de la libertad.
Pero toda utopía tiene su reverso. A medida que los gobiernos comprendieron el poder de los datos y las corporaciones aprendieron a leer el alma humana a través de los algoritmos, aquella promesa de emancipación se convirtió en un instrumento de control. Hoy, cada clic, cada emoción compartida, cada silencio en línea es un rastro que alguien -un Estado, una empresa, un partido- interpreta para su propio beneficio.
El control ya no se ejerce con tanques ni uniformes, sino con pantallas, notificaciones y narrativas. No hace falta la censura explícita: basta con dirigir la atención. El nuevo autoritarismo no prohíbe, distrae; no encarcela, etiqueta; no silencia, satura. En nombre de la libertad digital, hemos aceptado voluntariamente las cadenas invisibles del confort tecnológico.
El viejo socialismo de los comités y las cartillas se ha transformado en su versión 2.0: un socialismo digital, que habla de justicia y soberanía mientras vigila, manipula y condiciona. No necesita comisarios políticos: tiene community managers. No reprime con fusiles: reprime con hashtags. La obediencia ahora se mide en "me gusta".
Este libro nace de esa paradoja: de cómo la tecnología, que debía liberarnos del poder, terminó siendo su mejor aliada. No se trata solo de regímenes abiertamente autoritarios, sino también de democracias que, con la excusa de protegernos, han aprendido las mismas técnicas del control. La vigilancia es global, transversal e ideológicamente neutra. El poder ya no necesita justificar su presencia: se disfraza de conexión. Escribo este libro porque creo que estamos perdiendo algo más valioso que la privacidad: la conciencia de ser libres. Hemos normalizado la vigilancia y aceptado el intercambio de nuestra intimidad por un puñado de comodidades digitales.
No pretendo ofrecer respuestas absolutas, sino abrir preguntas incómodas. Qué significa ser libre cuando todo lo que haces es observado, medido y clasificado? De qué sirve tener voz si los algoritmos deciden quién la escucha? Cuánto de nuestras convicciones políticas son realmente nuestras?
He visto cómo los viejos discursos autoritarios se reciclan bajo un lenguaje moderno, adornado con conceptos como "inclusión digital", "soberanía tecnológica" o "protección de datos", mientras detrás de ellos se levanta una arquitectura de control más sofisticada que nunca.
Este no es un libro contra la tecnología, sino contra su uso servil al poder. Contra la mentira que nos dice que estar conectados equivale a ser libres. Si algo deseo con estas páginas es recordar que la libertad -como toda conquista humana- siempre puede perderse, incluso sin darnos cuenta.
Durante los primeros años del siglo XXI, creímos que Internet sería la gran liberación de la humanidad. La red prometía democratizar la información, abrir las fronteras del conocimiento y darle voz a los que nunca la habían tenido. Se soñó con un mundo horizontal, sin jerarquías, donde cada ciudadano sería un emisor y no solo un receptor. Era la utopía tecnológica de la libertad.
Pero toda utopía tiene su reverso. A medida que los gobiernos comprendieron el poder de los datos y las corporaciones aprendieron a leer el alma humana a través de los algoritmos, aquella promesa de emancipación se convirtió en un instrumento de control. Hoy, cada clic, cada emoción compartida, cada silencio en línea es un rastro que alguien -un Estado, una empresa, un partido- interpreta para su propio beneficio.
El control ya no se ejerce con tanques ni uniformes, sino con pantallas, notificaciones y narrativas. No hace falta la censura explícita: basta con dirigir la atención. El nuevo autoritarismo no prohíbe, distrae; no encarcela, etiqueta; no silencia, satura. En nombre de la libertad digital, hemos aceptado voluntariamente las cadenas invisibles del confort tecnológico.
El viejo socialismo de los comités y las cartillas se ha transformado en su versión 2.0: un socialismo digital, que habla de justicia y soberanía mientras vigila, manipula y condiciona. No necesita comisarios políticos: tiene community managers. No reprime con fusiles: reprime con hashtags. La obediencia ahora se mide en "me gusta".
Este libro nace de esa paradoja: de cómo la tecnología, que debía liberarnos del poder, terminó siendo su mejor aliada. No se trata solo de regímenes abiertamente autoritarios, sino también de democracias que, con la excusa de protegernos, han aprendido las mismas técnicas del control. La vigilancia es global, transversal e ideológicamente neutra. El poder ya no necesita justificar su presencia: se disfraza de conexión. Escribo este libro porque creo que estamos perdiendo algo más valioso que la privacidad: la conciencia de ser libres. Hemos normalizado la vigilancia y aceptado el intercambio de nuestra intimidad por un puñado de comodidades digitales.
No pretendo ofrecer respuestas absolutas, sino abrir preguntas incómodas. Qué significa ser libre cuando todo lo que haces es observado, medido y clasificado? De qué sirve tener voz si los algoritmos deciden quién la escucha? Cuánto de nuestras convicciones políticas son realmente nuestras?
He visto cómo los viejos discursos autoritarios se reciclan bajo un lenguaje moderno, adornado con conceptos como "inclusión digital", "soberanía tecnológica" o "protección de datos", mientras detrás de ellos se levanta una arquitectura de control más sofisticada que nunca.
Este no es un libro contra la tecnología, sino contra su uso servil al poder. Contra la mentira que nos dice que estar conectados equivale a ser libres. Si algo deseo con estas páginas es recordar que la libertad -como toda conquista humana- siempre puede perderse, incluso sin darnos cuenta.
