Available options are listed below:
El nacimiento de un escéptico
| AUTHOR | Saal, Clea |
| PUBLISHER | Independently Published (09/07/2025) |
| PRODUCT TYPE | Paperback (Paperback) |
El derecho a pensar por nosotros mismos. Ese parecería ser uno de nuestros derechos más fundamentales, y sin embargo no solo es uno que es constantemente vulnerado, sino que es también uno por el cual tenemos que luchar a un nivel mucho más fundamental de lo que solemos creer.
Desde el día en que nacemos la misión de darles forma a nuestras mentes y a nuestros pensamientos les es asignada a otros. A nuestros padres, a nuestros sacerdotes, a nuestros maestros, a publicistas y a agencias gubernamentales. Cuando somos niños nuestra capacidad para luchar contra estas influencias es limitada. Vamos a la escuela, buscamos la aprobación de nuestros padres, algunos vamos a la iglesia (o a alguna variante de ésta misma), y a medida que crecemos nos acostumbramos a ver a estas ideas que nos han sido inculcadas a pulso como 'nuestras'. Creemos lo que se nos ha enseñado a creer, y el precio que tenemos que pagar si nos atrevemos a desviarnos de este camino puede ser aterrador... y por si eso no fuera suficiente detrás está la sociedad en su conjunto, presionándonos para que obedezcamos. Eso, y que existen en los márgenes unos cuantos personajes cuestionables ansiosos por cosechar las almas de aquellos que se atreven a desafiar a estas posturas establecidas.
Sí, el desviarse del camino que ha sido trazado para nosotros puede no solo ser aterrador, sino también peligroso. Hay un verdadero campo minado ahí afuera, y la cantidad de desinformación que está al acecho es abrumadora. Eso es algo de lo que soy plenamente consciente. De hecho me crié en uno de esos hogares racionales en los que la ciencia era la nueva religión, y en el cual había una serie de verdades fundamentales que simplemente no estaban abiertas a debate. Esos eran simplemente 'los hechos', o al menos era así como me los presentaban. El problema es que con el paso de los años me he vuelto mucho menos dogmática en ese sentido. Que he perdido mi confianza en los expertos, o a lo mejor debería decir que ya no confío en ellos ciegamente. Sí, los escucho, y reconozco que es probable que sepan más que yo, pero no me ciego al hecho de que esos expertos tienen sus propios puntos ciegos.
No, no creo que estoy en lo cierto, ni remotamente. De hecho mi punto de partida es precisamente la posibilidad de que puedo estar errada, porque a fin de cuentas es de eso de lo que se trata el escepticismo: de renunciar a nuestras certezas y ver al mundo sin nociones preconcebidas. Es probar aquello en lo que no creemos, y hacerlo con una mente abierta. No, no significa rechazar todo lo que sabemos o creemos, ni ver conspiraciones por todos lados, sino que se trata de acercarnos a todas las preguntas desde la suposición de que no tenemos todas las respuestas. Es concentrarnos en los hechos, y solo en los hechos mientras hacemos hasta lo imposible por silenciar al ruido de fondo.
El hacerlo no es fácil, ni remotamente. Tampoco es particularmente popular, pero, esa idea de forjar nuestro propio camino? Esa bien vale la pena.
El derecho a pensar por nosotros mismos. Ese parecería ser uno de nuestros derechos más fundamentales, y sin embargo no solo es uno que es constantemente vulnerado, sino que es también uno por el cual tenemos que luchar a un nivel mucho más fundamental de lo que solemos creer.
Desde el día en que nacemos la misión de darles forma a nuestras mentes y a nuestros pensamientos les es asignada a otros. A nuestros padres, a nuestros sacerdotes, a nuestros maestros, a publicistas y a agencias gubernamentales. Cuando somos niños nuestra capacidad para luchar contra estas influencias es limitada. Vamos a la escuela, buscamos la aprobación de nuestros padres, algunos vamos a la iglesia (o a alguna variante de ésta misma), y a medida que crecemos nos acostumbramos a ver a estas ideas que nos han sido inculcadas a pulso como 'nuestras'. Creemos lo que se nos ha enseñado a creer, y el precio que tenemos que pagar si nos atrevemos a desviarnos de este camino puede ser aterrador... y por si eso no fuera suficiente detrás está la sociedad en su conjunto, presionándonos para que obedezcamos. Eso, y que existen en los márgenes unos cuantos personajes cuestionables ansiosos por cosechar las almas de aquellos que se atreven a desafiar a estas posturas establecidas.
Sí, el desviarse del camino que ha sido trazado para nosotros puede no solo ser aterrador, sino también peligroso. Hay un verdadero campo minado ahí afuera, y la cantidad de desinformación que está al acecho es abrumadora. Eso es algo de lo que soy plenamente consciente. De hecho me crié en uno de esos hogares racionales en los que la ciencia era la nueva religión, y en el cual había una serie de verdades fundamentales que simplemente no estaban abiertas a debate. Esos eran simplemente 'los hechos', o al menos era así como me los presentaban. El problema es que con el paso de los años me he vuelto mucho menos dogmática en ese sentido. Que he perdido mi confianza en los expertos, o a lo mejor debería decir que ya no confío en ellos ciegamente. Sí, los escucho, y reconozco que es probable que sepan más que yo, pero no me ciego al hecho de que esos expertos tienen sus propios puntos ciegos.
No, no creo que estoy en lo cierto, ni remotamente. De hecho mi punto de partida es precisamente la posibilidad de que puedo estar errada, porque a fin de cuentas es de eso de lo que se trata el escepticismo: de renunciar a nuestras certezas y ver al mundo sin nociones preconcebidas. Es probar aquello en lo que no creemos, y hacerlo con una mente abierta. No, no significa rechazar todo lo que sabemos o creemos, ni ver conspiraciones por todos lados, sino que se trata de acercarnos a todas las preguntas desde la suposición de que no tenemos todas las respuestas. Es concentrarnos en los hechos, y solo en los hechos mientras hacemos hasta lo imposible por silenciar al ruido de fondo.
El hacerlo no es fácil, ni remotamente. Tampoco es particularmente popular, pero, esa idea de forjar nuestro propio camino? Esa bien vale la pena.
