ISBN 9798627175935 is currently unpriced. Please contact us for pricing.
Available options are listed below:
Available options are listed below:
La rebelión de los macabeos: Historia y legado de la revuelta judía contra el imperio seléucida que restauró la libertad religiosa en Judea
| AUTHOR | Charles River; Charles River Editors |
| PUBLISHER | Independently Published (03/17/2020) |
| PRODUCT TYPE | Paperback (Paperback) |
Description
En el a o 722 AC, el Imperio neoasirio destruy el reino de Israel y despu s de un asedio de tres a os, la ciudad de Samaria cay ante las tropas de Sarg n II. Como era pr ctica com n en el mundo antiguo, el vencedor desarraig a los habitantes y los oblig a ir al exilio, dispersando a los refugiados por toda Asia Menor y posiblemente frica, para destruirlos como grupo cohesionado y evitar que se rebelaran. Ese exilio trajo el fin de las 10 tribus perdidas de Israel. S lo el reino de Jud , mucho m s peque o y menos importante, ubicado en las tierras ridas del sur, sobrevivi a la campa a del rey de Asiria del a o 701 AC, un hecho que la Biblia atribuy a la intervenci n de los ngeles. Los historiadores modernos creen que el fracaso de un ej rcito poderoso como el de Senaquerib se debi a una plaga o una enfermedad que se extendi entre las filas y los oblig a retirarse.
Como quiera que haya sido, el reino de Jud sobrevivi durante unas d cadas m s, en el extremo sur de la antigua Tierra Prometida, a lo largo de la costa occidental del Mar Muerto. Estuvo sometido primero al imperio que hab a tratado de destruirlo, y luego a los neobabilonios. Finalmente, el rey Nabucodonosor II arras Jerusal n cuando Jud se ali con Egipto y se neg a pagar tributo. La ciudad cay en 586 AC y sus habitantes fueron exiliados a Babilonia.
Jerusal n estuvo deshabitada durante gran parte del siglo VI AC. Este per odo se conoce como el exilio a Babilonia, y los estudiosos de la Biblia creen que fue durante esos a os que el pueblo jud o entr en contacto con varias historias y leyendas que luego se incorporar an a sus escritos sagrados. Una generaci n despu s, el emperador persa aquem nida Ciro el Grande permiti a los jud os que as lo desearan, regresar a Jerusal n, reconstruir el templo y restablecer la naci n.
El pa s renacido, establecido en la provincia llamada Yehud Medinata, sobrevivi de forma semi independiente, aunque en menor medida que antes, hasta que fue nuevamente absorbido por los reinos griegos que surgieron despu s de las conquistas de Alejandro Magno. Despu s de eso, los jud os estuvieron bajo el dominio de los sel ucidas helen sticos, que gobernaron su reino del Medio Oriente desde Mesopotamia, y ocasionalmente bajo el gobierno de los Ptolomeos, que reinaron en Alejandr a, Egipto.
Durante casi dos siglos, los jud os y los griegos de la regi n pudieron vivir en relativa paz. Los gobernantes sel ucidas permitieron a los jud os practicar su religi n sin ser molestados, y muchos de los jud os adoptaron aspectos del helenismo para congraciarse con sus gobernantes. Con el tiempo, sin embargo, una serie de factores provocaron una revuelta jud a contra el gobierno sel ucida que comenz en 167 a. C. y lleg a ser conocida como la rebeli n de los macabeos.
El levantamiento se produjo como resultado de un creciente sentido de identidad jud a y una especie de proto-nacionalismo que consideraba a los sel ucidas como ocupantes enemigos de Tierra Santa. Por otro lado, el rey sel ucida Ant oco IV (175-164 a. C.) miraba a los jud os con recelo debido a su naturaleza a menudo aislacionista y su falta de voluntad para aceptar la cultura hel nica. Estas actitudes chocaron, dando lugar a la revuelta de los macabeos.
La revuelta de los macabeos no tuvo una conclusi n clara, los historiadores contin an debatiendo la l nea de tiempo, pero a medida que se fue prolongando, pas de un movimiento de independencia a una guerra de conquista. La soberan a de Judea y el culto al templo fueron restaurados en Jerusal n, pero por cuestiones del destino, la naci n jud a no iba a durar mucho debido al surgimiento de Roma. Sin embargo, la revuelta tuvo efectos permanentes en la cultura e identidad jud a, en la Biblia, en la celebraci n de Hanukkah y la situaci n geopol tica del antiguo Medio Oriente.
Como quiera que haya sido, el reino de Jud sobrevivi durante unas d cadas m s, en el extremo sur de la antigua Tierra Prometida, a lo largo de la costa occidental del Mar Muerto. Estuvo sometido primero al imperio que hab a tratado de destruirlo, y luego a los neobabilonios. Finalmente, el rey Nabucodonosor II arras Jerusal n cuando Jud se ali con Egipto y se neg a pagar tributo. La ciudad cay en 586 AC y sus habitantes fueron exiliados a Babilonia.
Jerusal n estuvo deshabitada durante gran parte del siglo VI AC. Este per odo se conoce como el exilio a Babilonia, y los estudiosos de la Biblia creen que fue durante esos a os que el pueblo jud o entr en contacto con varias historias y leyendas que luego se incorporar an a sus escritos sagrados. Una generaci n despu s, el emperador persa aquem nida Ciro el Grande permiti a los jud os que as lo desearan, regresar a Jerusal n, reconstruir el templo y restablecer la naci n.
El pa s renacido, establecido en la provincia llamada Yehud Medinata, sobrevivi de forma semi independiente, aunque en menor medida que antes, hasta que fue nuevamente absorbido por los reinos griegos que surgieron despu s de las conquistas de Alejandro Magno. Despu s de eso, los jud os estuvieron bajo el dominio de los sel ucidas helen sticos, que gobernaron su reino del Medio Oriente desde Mesopotamia, y ocasionalmente bajo el gobierno de los Ptolomeos, que reinaron en Alejandr a, Egipto.
Durante casi dos siglos, los jud os y los griegos de la regi n pudieron vivir en relativa paz. Los gobernantes sel ucidas permitieron a los jud os practicar su religi n sin ser molestados, y muchos de los jud os adoptaron aspectos del helenismo para congraciarse con sus gobernantes. Con el tiempo, sin embargo, una serie de factores provocaron una revuelta jud a contra el gobierno sel ucida que comenz en 167 a. C. y lleg a ser conocida como la rebeli n de los macabeos.
El levantamiento se produjo como resultado de un creciente sentido de identidad jud a y una especie de proto-nacionalismo que consideraba a los sel ucidas como ocupantes enemigos de Tierra Santa. Por otro lado, el rey sel ucida Ant oco IV (175-164 a. C.) miraba a los jud os con recelo debido a su naturaleza a menudo aislacionista y su falta de voluntad para aceptar la cultura hel nica. Estas actitudes chocaron, dando lugar a la revuelta de los macabeos.
La revuelta de los macabeos no tuvo una conclusi n clara, los historiadores contin an debatiendo la l nea de tiempo, pero a medida que se fue prolongando, pas de un movimiento de independencia a una guerra de conquista. La soberan a de Judea y el culto al templo fueron restaurados en Jerusal n, pero por cuestiones del destino, la naci n jud a no iba a durar mucho debido al surgimiento de Roma. Sin embargo, la revuelta tuvo efectos permanentes en la cultura e identidad jud a, en la Biblia, en la celebraci n de Hanukkah y la situaci n geopol tica del antiguo Medio Oriente.
Show More
Product Format
Product Details
ISBN-13:
9798627175935
Binding:
Paperback or Softback (Trade Paperback (Us))
Content Language:
Spanish
More Product Details
Page Count:
56
Carton Quantity:
73
Product Dimensions:
8.50 x 0.12 x 11.00 inches
Weight:
0.34 pound(s)
Country of Origin:
US
Subject Information
BISAC Categories
History | Jewish - General
Descriptions, Reviews, Etc.
publisher marketing
En el a o 722 AC, el Imperio neoasirio destruy el reino de Israel y despu s de un asedio de tres a os, la ciudad de Samaria cay ante las tropas de Sarg n II. Como era pr ctica com n en el mundo antiguo, el vencedor desarraig a los habitantes y los oblig a ir al exilio, dispersando a los refugiados por toda Asia Menor y posiblemente frica, para destruirlos como grupo cohesionado y evitar que se rebelaran. Ese exilio trajo el fin de las 10 tribus perdidas de Israel. S lo el reino de Jud , mucho m s peque o y menos importante, ubicado en las tierras ridas del sur, sobrevivi a la campa a del rey de Asiria del a o 701 AC, un hecho que la Biblia atribuy a la intervenci n de los ngeles. Los historiadores modernos creen que el fracaso de un ej rcito poderoso como el de Senaquerib se debi a una plaga o una enfermedad que se extendi entre las filas y los oblig a retirarse.
Como quiera que haya sido, el reino de Jud sobrevivi durante unas d cadas m s, en el extremo sur de la antigua Tierra Prometida, a lo largo de la costa occidental del Mar Muerto. Estuvo sometido primero al imperio que hab a tratado de destruirlo, y luego a los neobabilonios. Finalmente, el rey Nabucodonosor II arras Jerusal n cuando Jud se ali con Egipto y se neg a pagar tributo. La ciudad cay en 586 AC y sus habitantes fueron exiliados a Babilonia.
Jerusal n estuvo deshabitada durante gran parte del siglo VI AC. Este per odo se conoce como el exilio a Babilonia, y los estudiosos de la Biblia creen que fue durante esos a os que el pueblo jud o entr en contacto con varias historias y leyendas que luego se incorporar an a sus escritos sagrados. Una generaci n despu s, el emperador persa aquem nida Ciro el Grande permiti a los jud os que as lo desearan, regresar a Jerusal n, reconstruir el templo y restablecer la naci n.
El pa s renacido, establecido en la provincia llamada Yehud Medinata, sobrevivi de forma semi independiente, aunque en menor medida que antes, hasta que fue nuevamente absorbido por los reinos griegos que surgieron despu s de las conquistas de Alejandro Magno. Despu s de eso, los jud os estuvieron bajo el dominio de los sel ucidas helen sticos, que gobernaron su reino del Medio Oriente desde Mesopotamia, y ocasionalmente bajo el gobierno de los Ptolomeos, que reinaron en Alejandr a, Egipto.
Durante casi dos siglos, los jud os y los griegos de la regi n pudieron vivir en relativa paz. Los gobernantes sel ucidas permitieron a los jud os practicar su religi n sin ser molestados, y muchos de los jud os adoptaron aspectos del helenismo para congraciarse con sus gobernantes. Con el tiempo, sin embargo, una serie de factores provocaron una revuelta jud a contra el gobierno sel ucida que comenz en 167 a. C. y lleg a ser conocida como la rebeli n de los macabeos.
El levantamiento se produjo como resultado de un creciente sentido de identidad jud a y una especie de proto-nacionalismo que consideraba a los sel ucidas como ocupantes enemigos de Tierra Santa. Por otro lado, el rey sel ucida Ant oco IV (175-164 a. C.) miraba a los jud os con recelo debido a su naturaleza a menudo aislacionista y su falta de voluntad para aceptar la cultura hel nica. Estas actitudes chocaron, dando lugar a la revuelta de los macabeos.
La revuelta de los macabeos no tuvo una conclusi n clara, los historiadores contin an debatiendo la l nea de tiempo, pero a medida que se fue prolongando, pas de un movimiento de independencia a una guerra de conquista. La soberan a de Judea y el culto al templo fueron restaurados en Jerusal n, pero por cuestiones del destino, la naci n jud a no iba a durar mucho debido al surgimiento de Roma. Sin embargo, la revuelta tuvo efectos permanentes en la cultura e identidad jud a, en la Biblia, en la celebraci n de Hanukkah y la situaci n geopol tica del antiguo Medio Oriente.
Como quiera que haya sido, el reino de Jud sobrevivi durante unas d cadas m s, en el extremo sur de la antigua Tierra Prometida, a lo largo de la costa occidental del Mar Muerto. Estuvo sometido primero al imperio que hab a tratado de destruirlo, y luego a los neobabilonios. Finalmente, el rey Nabucodonosor II arras Jerusal n cuando Jud se ali con Egipto y se neg a pagar tributo. La ciudad cay en 586 AC y sus habitantes fueron exiliados a Babilonia.
Jerusal n estuvo deshabitada durante gran parte del siglo VI AC. Este per odo se conoce como el exilio a Babilonia, y los estudiosos de la Biblia creen que fue durante esos a os que el pueblo jud o entr en contacto con varias historias y leyendas que luego se incorporar an a sus escritos sagrados. Una generaci n despu s, el emperador persa aquem nida Ciro el Grande permiti a los jud os que as lo desearan, regresar a Jerusal n, reconstruir el templo y restablecer la naci n.
El pa s renacido, establecido en la provincia llamada Yehud Medinata, sobrevivi de forma semi independiente, aunque en menor medida que antes, hasta que fue nuevamente absorbido por los reinos griegos que surgieron despu s de las conquistas de Alejandro Magno. Despu s de eso, los jud os estuvieron bajo el dominio de los sel ucidas helen sticos, que gobernaron su reino del Medio Oriente desde Mesopotamia, y ocasionalmente bajo el gobierno de los Ptolomeos, que reinaron en Alejandr a, Egipto.
Durante casi dos siglos, los jud os y los griegos de la regi n pudieron vivir en relativa paz. Los gobernantes sel ucidas permitieron a los jud os practicar su religi n sin ser molestados, y muchos de los jud os adoptaron aspectos del helenismo para congraciarse con sus gobernantes. Con el tiempo, sin embargo, una serie de factores provocaron una revuelta jud a contra el gobierno sel ucida que comenz en 167 a. C. y lleg a ser conocida como la rebeli n de los macabeos.
El levantamiento se produjo como resultado de un creciente sentido de identidad jud a y una especie de proto-nacionalismo que consideraba a los sel ucidas como ocupantes enemigos de Tierra Santa. Por otro lado, el rey sel ucida Ant oco IV (175-164 a. C.) miraba a los jud os con recelo debido a su naturaleza a menudo aislacionista y su falta de voluntad para aceptar la cultura hel nica. Estas actitudes chocaron, dando lugar a la revuelta de los macabeos.
La revuelta de los macabeos no tuvo una conclusi n clara, los historiadores contin an debatiendo la l nea de tiempo, pero a medida que se fue prolongando, pas de un movimiento de independencia a una guerra de conquista. La soberan a de Judea y el culto al templo fueron restaurados en Jerusal n, pero por cuestiones del destino, la naci n jud a no iba a durar mucho debido al surgimiento de Roma. Sin embargo, la revuelta tuvo efectos permanentes en la cultura e identidad jud a, en la Biblia, en la celebraci n de Hanukkah y la situaci n geopol tica del antiguo Medio Oriente.
Show More
